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Incierto el futuro de propietarios y empleados de panadería tomada en Caracas

Parte de la comunidad de Altagracia rechazó la fiscalización que la Sundde realizó a la Mansion's Bakery, que, según jóvenes oficialistas, tiene por objeto devolver "la soberanía alimentaria al pueblo"

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En la esquina de Cuartel Viejo, los transeúntes se aglomeran para conocer los nuevos precios establecidos por la Sundde y preguntar cuándo podrán comprar pan| Foto: Vanessa Tarantino

Caracas.- “Todos los precios viejos especuladores pasaron a ser precios soberanos”, es el anuncio que adorna la panadería que solía llamarse Mansion’s Bakery antes de ser tomada por funcionarios de la Superintendencia de Precios Justos (Sundde), la tarde del miércoles 15 de marzo.  El local ubicado en la esquina Cuartel Viejo de la avenida Baralt ahora muestra un letrero pintado a mano que dice “Minka”.

El lugar fue ocupado por el Comité Local de Abastecimiento y Producción (Clap). Su entrada está resguardada por “jóvenes revolucionarios” y solo permiten el paso a militares y empleados que porten el carnet de la Sundde. Un día después de la toma, la chica encargada de la custodia de la puerta lo dejó claro: el despacho de pan sería exclusivo para los Clap de la parroquia Altagracia.

Interrogada sobre el funcionamiento de la panadería luego de la fiscalización, la joven vigilante explicó a El Pitazo que esa mañana del jueves 16 de marzo se vendieron en una hora 6.000 panes tipo francés a 80 bolívares. El nuevo monto marca una rebaja de 40 bolívares en comparación con el precio anterior.

No todos los vecinos se mostraron de acuerdo con la forma en que se aplicó la medida. Un testigo de la zona, quien prefirió mantenerse bajo anonimato, narró las actuaciones de la superintendencia: llegó al lugar y, en pocas horas, tomó la panadería. Opinó que a veces “el portugués” abusaba con los precios y que “esa no era la forma. Lo podían multar y supervisar, pero expropiaron”. Con la visita, la incertidumbre también se apropió de esa esquina de Caracas.

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Otros habitantes de la comunidad observaban cuando representantes de los Clap se retiraban con bolsas de pan, los veían alejarse con los sacos y se preguntaban cuándo les tocaría el turno para comprar. Los más impacientes lanzaban rápidas miradas al establecimiento y se iban de inmediato. Entre el alboroto, uno de los nuevos delegados de la panadería notificó: “Estas bolsas van saliendo ya para distribuir pan fresco en las comunidades del centro”. Dos mujeres celebraron el anuncio mientras tomaron fotos y grabaron, luego aplaudieron a quienes salieron con las bolsas.

40 años de tradición familiar

Uno de los propietarios de la Mansion’s Bakery, registrada comercialmente como Panadería Pan Riva, contó a El Pitazo que el día miércoles, a las 11 de la mañana, recibió una llamada que le advirtió sobre la visita de los fiscales en su negocio. Él debió salir de allí porque la amenaza era llevarlo detenido si se encontraba en el local.

Según el propietario entrevistado por El Pitazo, quien quiso mantener su nombre en reserva, la medida notificada por el superintendente de la Sundde, William Contreras, era tomar la panadería por 90 días por vender la mercancia a precios especulativos y acaparar harina de trigo. Pasado el período de fiscalización, el negocio pasaría nuevamente a manos de sus dueños. Pero el dueño no confía en esa promesa.

El socio informó que en el almacen quedaron 120 sacos de harina de trigo y más de 20 cajas de charcutería, aunque no saben con exactitud monto del inventario. Además, rechazó la denuncia que hizo Contreras al decir que Mansion’s Bakery no cumplía con la producción; pues, en un día, según el comerciante, utilizaban 18 sacos de harina y horneaban más de 5 mil panes salados.

También, según sus fuentes, observaron a los funcionarios sacar maquinarias y mercancía del local en camiones. Esta información fue confirmada por otras personas consultadas por El Pitazo.

Antonio González tenía ocho años amasando y horneando en la esquina Cuartel Viejo, ahora, confesó, necesita el trabajo más que nunca. Cuando los fiscales llegaron al lugar, detuvieron la jornada de trabajo y llamaron a cada empleado para avisarles que recibirían el pago de la semana. Les explicaron que quienes lo desearan podían seguir trabajando allí.

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Al igual que González, José Ayala prefiere acompañar “al patrón”, pero necesitan tener ingresos, por lo que “les tocará” aceptar las condiciones de trabajo. Fueron invitados a una reunión el próximo lunes 20 de marzo con las autoridades del Gobierno del Distrito Capital, para hablar acerca del futuro de estos empleados.

Aunque una encargada contó que quienes ahora trabajan en la panadería son voluntarios de la comunidad que “han decidido tomar el control de la venta del pan para todas las familias”, Ayala manifestó que solo dos trabajadores que formaban parte del personal original de lo que ahora llaman Minka, siguen laborando a pesar de la fiscalización.

Luego de más de tres décadas en la avenida Baralt, el propietario siente que llegó el fin de un negocio familiar que, como ellos mismos afirmaron, es el resultado del esfuerzo de años.

 

 

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